martes, 26 de enero de 2010

(5ta parte) La Liga de Maracuchos (Y un Colombiano) Extraordinarios

El Secuestro de Joe



V – Demasiado Alfa



El Naglfar había llegado a la sucursal de Maracaucho en Bogotá, sobre la cual flotaba a escasa distancia del techo. Antes de que Mau pudiese anunciar que la tripulación había de bajarse, el capitán Juan Diego saltó desde cubierta. Juan Diego cayó varios metros en un salto que debía de seguro lastimarle algún hueso, pero antes de que Ale pudiera decir “maldito coñito te mataste ya por arrogante”, Juan Diego hizo wavedash cuando estaba por tocar el suelo y siguió caminando ileso tras glitchearse considerablemente, lo cual era visto como una hazaña admirable entre los de su especie. El resto de la tripulación bajó utilizando sus respectivos superpoderes, y siguieron a Juan Diego hacia el interior del taller.

La tripulación vio a Juan acercarse a un auto que estaba siendo reparado. Debajo de este, salían las dos piernas del mecánico reparándolo. Eran piernas gruesas, de tez blanca y pelitos catires que se movían un poco según los movimientos del mecánico que las portaba. Juan Diego le habló al mecánico, aparentemente reconociéndolo sin necesidad de ver su rostro.

-“Por ahí me contaron que mi hermano te ganó 46-0 en tekken la última vez que jugaron.” Dijo Juan Diego. De repente las piernas se dejaron de mover, el mecánico había cesado su trabajo. “¿Sabéis que yo le gano a él con una mano porque estoy usando la otra pa mearle encima, verdad?” Al decir esto, el mecánico se rodó desde bajo el carro hacia afuera y, lentamente, se puso de pie. Era corpulento, de cabello corto, rubio, con un corte estilo militar, aproximadamente de la estatura de Carlos Javier, pero mucho más ancho. Sus ojos pequeños no denotaban expresión alguna excepto la de escarmiento, y ahora escarmentaba el rostro de Juan Diego. Frente a frente, se miraban el uno al otro, sin titubear, dando la sensación de que en cualquier momento un golpe saldría en dirección del rostro del otro. Pero el mecánico, a pesar de ser mucho más grande que el capitán, parecía respetar su espacio y su porte. Después de un largo y tenso silencio era, por supuesto, Nati, quien tenía que romper el hielo.

-“¿Mi alma qué hacemos en el taller de Pedro Alejandro en Bogotá?” Preguntó Nati. El mecánico, Pedro Alejandro, entonces viró a sus espaldas, con sus movimientos lentos, fuertes y controlados, para ver a toda la tripulación de la cual él no se había percatado.

-“Cierto, ¿Qué hacen en el taller de Pedro Alejandro en Bogotá?” Preguntó Pedro Alejandro, sarcásticamente hablando de sí mismo en tercera persona, volviendo a mirar cara a cara a Juan Diego. Su voz era fuerte, dominante y varonil, con una facilidad para alcanzar notas bajas y altos volúmenes sorprendente, que fácilmente hubiesen intimidado a cualquier otro. Entonces Juan Diego hizo un movimiento con la cabeza, señalando en dirección a Max.

-“Necesitamos que le enseñes tu secreto a Max.” Dijo Juan Diego. Pedro Alejandro viró de nuevo, mirando con su rostro de piedra a Max, rostro el cual asomaba un dejo de incredulidad y sospecha.

-“Max no está listo.” Dijo Pedro Alejandro, con su expresión inmutable en el rostro, sin haber inspeccionado mucho a Max.

-“De bolas que no está listo. Tiene que aprender tu secreto.” Dijo Juan Diego, inmutable también.
-“No. Max no está listo ni siquiera para empezar a deletrear la técnica.” Dijo Pedro Alejandro.

-“Inténtalo.” Le dijo Juan Diego. “Sólo los perdedores no se atreven a intentarlo.” Pedro Alejandro miró a Juan Diego como que casi iba a abrir los ojos, pero eran tan pequeños que no se sabía si era indignación ante lo que le habían dicho o simplemente que no veía. Tras pensarlo, Pedro Alejandro se le acercó a Max, meditabundo.

-“Max, hay una regla que tienes que seguir si deseas aprender lo que te puedo enseñar, ¿está claro?”

-“Hai” Dijo Max, poniéndose en posición firme.

-“No puedes usar nada de lo que te enseñe para impresionar a ninguna mujer. Nunca… Jamás… En la vida.” Dijo Pedro Alejandro. Max se relajó y rió mucho, creyendo que era un chiste. Entonces Max se dio cuenta de que era en serio, y se enderezó, poniendo las manos en la cabeza.

-“Maldición…” Dijo Max, pensándolo, rascándose la cabeza. “Estemmm…” Pedro Alejandro entonces dio su caso por comprobado y caminó de vuelta al taller sin esperar respuesta.

-“Te dije que no estaba listo.” Dijo Pedro A al pasar al lado de Juan Diego. Juan Diego entonces se cruzó de brazos y miró fijamente a Max, decepcionado, diciéndole con el rostro “¿Qué esperas? ¡Anda a convencerlo!”

-“Oh, ok,” dijo Max, y trotó en busca de Pedro Alejandro.


Detrás del taller, Max y el resto de la tripulación habían seguido a Pedro Alejandro hasta un jardín con unos árboles de madera muy húmeda, y de tronco grueso, como un pequeño bosque. Entre la pared trasera del taller y el cuasi-bosque, Pedro A ahora le dedicaba su atención a un Chevrolet Camaro amarillo, modelo 1976, al cual le reparaba la puerta.
-“Hey qué arrecho” Dijo Max, “Un Camaro amarillo igualito al de--”

-“Max, esto es como urgente, ¿sabes?” Lo interrumpió Javi. “No hay mucho tiempo para merodear en los arbustos. Ve al grano.”

-“Max.” Dijo Pedro A con su voz rasposa, voz de estar haciendo un esfuerzo físico mientras hablaba, sin quitarle la atención al auto. “Si no puedes controlar tus emociones alrededor de las mujeres, ¿Cómo piensas controlar tus emociones para lograr la concentración que requiere la técnica?”

-“Tiene que hacerlo, como sea.” Dijo Nati. “Por que no se trata de él. Se trata de algo más grande que él.”

-“¿De qué está hablando la Nati?” Preguntó Pedro A, asomándose desde el interior del carro con repentino interés.

-“A Joe lo secuestraron unos orcos gay.” Dijo Carlos J. En ese momento, la cara de Pedro A tuvo más emoción de lo usual.

-“¿Cuán gay son?” Preguntó Pedro A.

-“Más gay que paso de cebra.” Dijo Eduardo Valbuena.

-“Ja ja ja, ésa me gusta.” Dijo Pedro A.

-“Más gay que Patrick Swayze, que en paz descanse, tan bello.” Continuó Eduardo.

-“Lol. Sí, era lindo, pero tan gay.” Dijo Vane. “A mí me gustaba, tenía que ser gay.”

-“Más gay que ir a Starbucks.” Dijo Eduardo “Es más, más gay que ser barista de Starbucks. Más gay que un unicornio eructando arco irises. Es más, Más gay que esto:”

http://www.streethop.com/forum/our-block/4781-picture-joke-whats-gayer-than-michael-jackson-boy-scout-meeting.html

-“Ay, dios.” Dijo Marly, pestañeando tras haber bajado la mirada. “No miré, no miré, no vi nada, no, no, no”.

-“Ya, Eduardo. Comprendimos la idea. Suficiente” Dijo Jesús, boquiabierto y estupefacto.

-“Hey. You ok, boss?” Dijo Alejandro, poniéndole una mano a Jesús en el hombro, entre risas de pulgoso. “¡Maldita sea con la foto, pal facebook de jeta, ja ja ja!”

-“Sí, Eduardo, gracias, ya comprendimos.” Dijo Pedro A.

-“En fin,” dijo Max. “El punto es que a Joe lo secuestraron, o sea, él está en peligro. En realidad no importa si yo esté listo o no, o sea lo suficientemente maduro o fuerte, el asunto es que él lo necesita. Esto no se trata de mí, se trata de él.” Al decir esto, Pedro miró a Max con una expresión distinta, pensativa, sin tanta sospecha.

-“Está bien, pero con dos condiciones.” Dijo Pedro A, quien se bajó del carro y caminó hasta donde estaba Vane. Ella, al verlo acercarse, se puso tan nerviosa como se pone cada vez que se le acerca un catire.

-“Pero… yo… ¿por qué?... ya va…” Dijo Vane.

-“Primera condición…” Dijo Pedro A, y le comenzó a susurrar algo al oído a Vane. Mientras le susurraba, por primera vez Pedro A mostraba el asomo de una sonrisa. Vanesa, al escuchar, soltó una carcajada. Las carcajadas de Vanesa eran fáciles de describir, era la carcajada de una tía ebria, que se estaba echando los cuentos con mamá a la 1 am, hora bastante tardía en la noche para tías viejas con voz rasposa.

-“¡Oh sí, ja ja ja, oooh sí, seguro que sí, eso va!” Dijo Vane.

-“¿Segura que lo puedes hacer?” Le dijo Pedro A, con mucha seriedad, mirándola a los ojos.

-“¡Ufff, eso iba así tú lo pidieras o no! Ve que ahí te lo dejo.” Dijo ella.

-“¿Palabra de colombiano?” le preguntó Pedro.

-“Palabra de colombiano.” Le respondió Vane.

-“Palabra de colombiano” siguió Javier. “A lo que sea que hayan dicho.”

-“La segunda condición,” continuó Pedro A. “Es que si por alguna casualidad, alguno de ustedes ve que Max siquiera empieza a empezar a pensar en utilizar alguna de mis técnicas para asombrar a una coña…” Pedro A. decía con voz de amenaza. Antes de que terminara, ya los miembros de la tripulación estaban balbuceando cosas al respecto. “No te preocupes… nosotros lo compondremos… algo haremos…” Hasta que de repente Ale dijo algo que los calló a todos.

-“Tranquilo. Cualquier verga le echamos a Nati berserkeada pa que lo mate a coñazos.”

Entonces toda la tripulación se lo quedó mirando, sorprendidos de cómo Ale lo había sentenciado sin pensarlo mucho. Max se limitó a tragar grueso.

-“Exacto.” Dijo Pedro A. “Max. Tú ven conmigo.” Él y Max se adentraron en el pequeño bosque detrás del taller.

-“¿Los seguimos?” Preguntó Marly.

-“Los pueden seguir si quieren,” dijo Juan.

-“Pero no vamos a entender lo que Pedro le va a enseñar a Max, ¿cierto?” Dijo Carlos J.

-“Exacto.” Dijo Juan.

-“A verga, a que yo sí entiendo.” Dijo Alejandro, y salió tras ellos pretendiendo caminar como ninja.

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