El Secuestro de Joe
IV - La vida secreta de seres extraordinarios
El viaje desde París hasta Bogotá, a la velocidad del Naglfar, tomaría sólo un par de horas. Parado bajo el casco del barco, patas arriba, y desafiando a la gravedad, se encontraba Javi, disfrutando la vista. Javi se quitó su sombrero y dejó que la brisa batiera su cabello con la estrepitosa fuerza generada por estar volando a más de mil kilómetros por hora. Y sí, con esta fuerza, el cuerpo de Javi debería haber salido despedido al aire como un vaso de cerveza en juego de Magallanes, pero su gran poder, y su gran nostalgia, era que la única parte de él que era afectada por la gravedad, por el viento, y por quién sabe cuántas cosas más, era su cabello. De resto, él era inmune a muchas cosas, inclusive cosas que le quedaban por descubrir, inmune a las fuerzas que movían a los demás, inmune a las sensaciones que lo habrían hecho uno más del grupo, y así, la inmunidad le otorgó una particular especie de soledad, como la inamovilidad hizo con el buda. Javi, aún entre seres extraordinarios, se sentía enajenado, distinto, extraño. Por supuesto, ver las cosas desde afuera, como él lo hacía, le permitía percibir perspectivas, vistas y panoramas únicos, que sólo él podía entender. Pero a veces, entender demasiado, es un peso demasiado grande. Uno que no puedes soltar, aún cuando más lo deseas.
Javi se puso nuevamente el sombrero y se paseó, lentamente y con las manos en los bolsillos, por un lado del casco del barco, hasta llegar a cubierta. Allí vió a Vanessa armándole una alharaca a Alejandro, de repente por el arranque de testosterona que había tenido con Juan Diego, y de repente lloraba porque no quería ir a Bogotá, y que si veía un gato, se iba a infartar. Más allá, al otro extremo de cubierta, estaba Natalia, viéndose algo desagradada, con las manos juntas y el cuerpo achicado. Javi caminó hacia ella. Mientras más se acercaba, notó lo sublime que se veía montada sobre el barco, mirando hacia las nubes que le hacían fondo. Su figura curvilínea siempre la torneaba como una mujer profundamente sensual, y a la vez tan sensible, tan llena de ternura y compasión. Sus cabellos rebeldes de ama de casa, haciendo el baño mientras los niños gritan, se le hacían hermosos al juntarlos con las traviesas líneas de su cara, su sonrisa tierna, sus expresivísimos ojos, y sus cachetotes de bebé adorable.
-"¿Qué tienes amor?" Le preguntó Javi, ya a su lado. Nati entonces inhaló y abrió la boca, a punto de decir algo, y arrugaba la cara como que no estaba muy convencida de decirlo, y sus ojos desavariaron hacia arriba y hacia un lado, pero eso era bastante normal en ella. Javi esperó, sabiendo que Nati tardaba en elaborar respuestas a veces. Respuestas un poco locas, a veces, pero ésta a continuación lo sorprendió particularmente.
-"Es que..." Dijo Natalia, haciendo gestos de italiana con sus manos, suspirando. "Es que... o sea... hay mucho diálogo," Dijo finalmente. "Puro hablar pendejeras, y no pasa nada. Loco o sea, no pasa nada." 'Nada', decía Nati, con los ojos hacia cualquier parte, y las manos italianísimas. "Es puro hablar." Concluyó, encogiendo un hombro y dejando el otro un poco más abajo.
-"Bueno, pues, ¿qué esperabas amor? Nosotros nos la pasamos hablando pistoladas cuando no ha sucedido nada importante. Ahora que nos toca salvar al mundo, ¿qué vamos a hacer? hablar pistoladas sobre salvar al mundo." Dijo Javi.
-"Y todo es bonito, y el barco es bonito, y tú eres bonito, pero no pasa nada, Javi. Nada." Respondió Nati, como si Javi no hubiese dicho nada. Pero Javier entendía que ése no era el asunto, no era que Natalia no lo escuchara, sino que el cerebro de Natalia piensa muchas cosas, una detrás de la otra, y muchas de ellas no son agradables, sobre todo para sí misma. Entonces Javi se preguntó si ella era capaz, como algunos de los extraordinarios, de ir más allá de la cuarta pared. Se preguntó si ella estaba pensando en que era parte de una historia, y si ella estaba pensando en que sería mejor si ella la escribiera. Pero Javier no podía decir nada respecto a la cuarta pared.
-"¿Sabes, Nati? Comparar a los demás, es criticarlos al mismo tiempo. Y criticar a los demás, es criticarse a uno mismo." Dijo Javi, mirando al horizonte a su lado. "Y cuando te criticas a ti mismo, te abandonas por completo. Por que cuando no te apoyas a ti mismo, es peor que no tener a nadie. Ni siquiera te tienes a ti. No importa cuanto te apoyen los demás."
Natalia se quedó inmóvil por unos momentos. Ella sabía que no terminaba de entender lo que Javier le había dicho, pero sabía que algo había cambiado dentro de ella y, lo más importante, sabía que esas palabras ella las podría usar de ahora en adelante, y serían su arma secreta contra las propias trampas de su mente. Ella entonces se irguió, tomó a Javier de los hombros para que ambos de sus cuerpos estuviesen frente a frente, y le dió un beso tierno, suave y lento. El beso terminó con ella posando sus brazos alrededor de sus costados, y su cabeza en su pecho.
Javier metió las manos en el cabello de Nati y apretó las mejillas del rostro de ella contra su propio pecho. Luego miró por encima de ella, hacia el horizonte. Allá, en la proa del barco, estaba Jesús, dándole los 'two thumbs up', con su sonrisa de oreja a oreja, y los ojos casi cerrados en felicidad, sentado en posición de loto. Javi sonrió, y separó a Nati de su pecho para mirarla a los ojos, y justo cuando iba a hablarle, fue interrumpido por Mau Sinquija'a, quien se aclaraba la garganta.
-"Eh Ehm, Señoras y señores," Dijo Mau, sonriendo. "Bienvenidos a la sucursal Bogotana del Taller Maracaucho."
Continuará
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