El Secuestro de Joe
III - El primer Maestro
En el capítulo anterior, los miembros de La Liga lograron salvar a Marly a través de una maniobra espeluznante. La celebración que le siguió a esta hazaña no duró mucho, puesto que ignoraban completamente su destino, entonces ellos comenzaron a discutir e inclusive llegaron a delirar respecto al hecho de que ellos no eran sino personajes en una historieta. Finalmente, en búsqueda de respuestas, Mau les presentó al capitán del barco que navegaban: Juan Diego Rangel.
-"¿¡Quéeeeeeeeeee!?" Exclamó Natalia, con sus manos extendidas hacia Juan Diego, en pose de italiana vendiendo frutas, o como gorda de ópera cantando una nota muy alta. "Je je je je jeeee." rió Carlos J. con su risa, mezcla entre Budai y el mono Rafiki del rey león. "No, mareeehco." Dijo Alejandro.
-"Mirá ¿y a vos quién te nombró capitán del barco, muchacho?" Le preguntó Alejandro con su tono particular a Juan Diego. Porque Alejandro era un personaje con un tono muy particular para hacer preguntas, era una mezcla entre gentileza de novela caballeresca, y el tumba'o vocal que se acentuaba al final de la pregunta en cuestión, característico de los maracuchos buseteros. Era fácil entonces imaginarse a Alejandro bajándose del carrito por puesto, sacar su corcel blanco del maletero dándole dos golpes secos a la lata, y cabalgar hacia el atardecer hasta su casita en cumbres de Maracaibo. Sin embargo, la pregunta que él le había hecho a Juan Diego era un claro desafío, aún cuando era uno sutil. Mau abrió los ojos sorprendido, y pasó de mirar a Alejandro, a mirar a Juan Diego.
-"¿Y quién va a capitaniar?" le preguntó Juan Diego. "¿Vos?"
-"Sí." Dijo Alejandro, con un gesto microscópico de alzar los hombros, -pestañeando- repetidamente con sus diminutos ojos.
-"Ahh, ta bien. ¿Sabes pa donde tenemos que ir?" Preguntó Juan D.
-"Sí," respondió Alejandro.
-"¿¡Sí!? ¿Pa' donde?" Preguntó Juan. Alejandro -pestañeó- dos veces.
-"Para Rupunia." Dijo Alejandro.
-"Exacto." Respondió Juan Diego. La tripulación quedó boquiabierta. "¿Y cómo piensas atravesar la pared?" Le preguntó a Alejandro. Alejandro parecía estar pensando la respuesta.
-"¿Y si sho le grito a la pared y se rompe?." Preguntó Marly, con las manos juntitas torciendo la cadera de un lado al otro.
-"Tú puedes, Marly, el problema es que muy en el fondo tú crees que no puedes." Dijo Jesús. "Así nunca lograremos entrar. No importa lo que eres, importa lo que crees que eres." Al escuchar esto, Marly bajó la cabeza y se encogió de hombros. "Sí, supongo que tienes razón," dijo ella.
-"Bah, ya va a venir Jesús con sus vainas de jeva zen," Protestó Alejandro. " Le decimos a Max que venga, le meta un buen jetazo a esa pared y ya."
-"¡Claro!" Dijo Vanessa. "Y listo, adiós pared del coño. Max, ¿Te animas?"
-"Ehh, Bueno..." Dijo Max. "Yo lo puedo intentar, digo yo. No sé."
-"No. Max no está listo." Dijo Juan Diego.
-"Mi alma." Dijo Max. "¡¿Y si lo estoy?!" Le respondió desafiante a Juan Diego. Juan Diego, por su parte, lo miró con su mirada de aquél-quien-no-debe-ser-no
-"Tá bien, no lo estoy." Dijo Max, bajando la cabeza y encogiéndose de hombros.
-"Mierda, yisus," Dijo Eduardo. "Tú y tu hermano son sexys, pero que nunca los contraten para un seminario de self-help, por favor."
-"Algo me dice que los Rangel van a jugar un papel muy importante en esta historia." Dijo Natalia. En ese momento, se escuchó una voz parecida a la de Navi, el hada de Zelda, salir desde el interior del cuerpo de Carlos Javier.
-"¡Ego-Trip!" Dijo la voz. Todos miraron extrañados a Carlos J.
-"¡Me estreso! Eso pasa." Dijo Carlos Javier apenado. Los demás decidieron no prestarle mucha atención.
-"Pues entonces, ¿Qué sugieres, Juan?" Preguntó Javi. "Hacia dónde vamos?" Juan Diego entonces miró a Mau Sinquija'a con determinación, y se le acercó para hablarle al oído. Mau, a su vez, se hincó hacia él para escuchar atentamente lo que le decía. Cuando terminó de hablarle, Mau tenía en el rostro una expresión de estar muy extrañado.
-"Hmm..." Dijo Mau. "No puedo esperar a ver cómo rayos metemos un barco volador en un taller de autos, pero, ¿Qué haremos cuando estemos ahí."
-"Max conocerá a su verdadero maestro." Dijo Juan Diego, mirando fijamente a Max. Luego abrió la puerta y se devolvió a su camarote.
-"Bueno, muchachos, ya escucharon al hombre," dijo Mau, tomando el timón y haciéndolo girar. "Próxima parada, Bogotá."
Continuará
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